Fanzine Pandemia #3
31 de mayo 2020
"Cuando voy a la ¿escuela? me apendejo". 
Karla Necro
Karla es punk, feminista y educadora
 
Si algo nos ha dejado en  claro la pandemia de Covid-19, a  casi dos meses de confinamiento en la ciudad más poblada del mundo, es la certeza de que el aleteo de la mariposa sin duda nos alcanzará (Teoría del Caos); y que las instituciones educativas formales, poco o nada, nos han aleccionado para encarar dicha realidad, que esas “habilidades para la vida” sirvieron solo para acreditar ese examen y decir por fin adiós a las jaulas dogmáticas para no volver jamás.

Hasta hace 52 días yo me encontraba alternando alguno de mis 4 empleos a lo largo de la semana, de un mes totalmente normal en el Disturbio funeral, vendiendo mi fuerza de trabajo intelectual como uno de los 1,433, 422 habitantes de ésta ciudad que fuimos egresados de universidades públicas con el fin de “transformar” la realidad social; esa tarde del 20 de marzo, fui testigo del colapso de miles de escuelas públicas y privadas de nivel básico y, posteriormente.  hasta el superior al no saber cómo atender a su plantilla de alumnos ante el inminente ceso de actividades debido a la emergencia sanitaria proveniente de Oriente y la cual simplemente veíamos con incredulidad y absoluta lejanía.

El neoliberalismo encontró en el sistema educativo el espacio propicio para el moldeamiento psicológico del ciudadano ideal, seleccionando los contenidos curriculares a desarrollar en las jaulas sin dar explicación al alumnado de su relevancia práctica, imprimiendo disciplina punitiva y discriminadora ante la diversidad de pensamientos de la comunidad escolar, convirtiendo el interés innato por conocer el mundo que nos rodea en un asqueroso garabato rojo que etiquetó a miles como “bueno para el estudio” o  de los que “no se les da eso de la estudiada”… legitimando los saberes formales y dejando de lado aquellos que desarrollamos en la praxis cotidiana.

Al paso de los días fuimos todos testigos de cómo los edificios educativos quedaron vacíos, que haberme aprendido de memoria la tabla periódica de los elementos químicos no me era de ninguna utilidad ante el desabasto de alimentos en los supermercados, que en ningún grado escolar nos enseñan a tomar una pala y remover la tierra para sembrar semillas que darán frutos que mi familia y yo podremos comer, que todos los desperdicios orgánicos no son basura, ya que seleccionados bajo un procedimiento específico pueden convertirse en composta que nutrirá nuestro cultivo, que cuando hablamos de  solidaridad, respeto, honestidad, empatía y demás valores que nos enseñan con lecciones aburridas en las materias de ética y formación cívica, no bastan los textos imaginarios y cuestionarios para resolver … que los valores son finalmente internalizados por experiencias que vivimos dentro de los contextos inmediatos a los cuales pertenecemos; que no vamos a la escuela a aprender nada sino a reproducir todo, un discurso, una postura teoría, temas nuevos para compartir en la comida, pero que en nada nos transforman hacia una sociedad más humana.

La educación es un negocio y el conocimiento tiene un alto costo, es un privilegio que discrimina y se opone en su totalidad al sentido de su formación: La autonomía.

En tiempos del virus mundial Covid-19 mejor llamado pobreza, tenemos frente a nosotros el reto de construir comunidades de aprendizaje no formal o informal para subsanar todos déficits del sistema anacrónico que es la educación, todos somos expertos en algo y siempre habrá quien esté interesado en escuchar y practicar lo que tú sabes, al  construir estos espacios de aprendizaje no sólo minimizamos el papel preponderante de los centros educativos sino que fortalecemos  el sentido de comunidad, un espacio común donde todos los miembros son importantes, compartimos y creamos cultura, construimos significados comunes y revalorizamos saberes ancestrales propios del espacio geográfico donde habitamos.

¿Por qué el árbol de nuestra calle está continuamente lleno de basura pese a los señalamientos e invitaciones a tirar en contenedores y, de ser posible separarla?

Porque ninguno de los habitantes de esa calle sembró ese árbol ni ningún otro, carecen de la significancia energética del contacto de la tierra viva entre nuestras manos, la alegría de verlo crecer y la satisfacción social de colaborar para mantener el aire limpio.

¿El punk nos preparó para el fin?

Si. No desde las redes sociales, sino en una radical cognición situada, en el aprender haciendo, en el hacer más y decir menos, en el desarrollo de la responsabilidad propia descentralizando al gobierno, en la construcción del aprendizaje como sujeto activo y no como mero receptor del sistema. La autogestión no es un concepto que se aprende en los libros,  ¡sal y haz!

Cuando termines de leer éstas líneas deja tu dispositivo y reflexiona sobre su uso inteligente, miles de personas consideran la información en línea como la verdad absoluta, el uso de la red conlleva una enorme responsabilidad… basta ya de compartir violencia, reaprópiate de los medios y forma una comunidad de aprendizaje virtual con software libre, comparte tus saberes, transforma tu realidad y la de otros.

Al terminar la cuarentena abre la puerta de tu casa y forma un  club de lectura para niños, dejemos el adultocentrismo de lado, muéstrale a tu comunidad que la vida lejos del sistema es posible, que aprender no consiste en una calificación sino el medida que puedes resolver problemáticas en la vida diaria, identificar emociones y expresarlas y para ello no es necesario asistir a clases y menos pagar por ellas, constrúyete como un agente de cambio de forma autogestiva, que ésta pandemia no refuerce el verdadero virus: el individualismo que nos heredó el capitalismo y el cual es reproducido en las aulas escolares…

No queremos regresar a la normalidad porque justo la normalidad es el problema.

“Cuando mires más allá de ti mismo, te darás cuenta que la paz mental está esperándote ahí” G.H

Verano 2020.
PUNK IS LOVE
KARLA NECRO.