VENAS ROTAS BLOG ZINE
18  de noviembre 2025
TODOS LOS IDOLOS SON DE BARRO
Jorge Tadeo

Hace unos días en el Palacio de los Deportes, Molotov soltó una frase que los puso en el paredón de las redes sociales. La frase fue: “éramos un país chingón, ni estamos alineados a cualquier cuarta transformación” y aunque la segunda frase no trascendió, la primera fue motivo suficiente para que -de nuevo- esta banda fuera crucificada. Esta vez por aquellos simpatizantes al gobierno actual, por aquellos que no son cercanos pero que siente que es un avance las políticas actuales y por todos los que se suben al tren del mame gratuito. 

También aparecieron los fans de la banda que se sienten defraudados ante esta declaración y todo el contexto que encierra. Entonces ¿Es verdad que Molotov es un producto creado por Televisa para la alternancia de Vicente Fox y con ellos engañar a los jóvenes? No lo sé y para motivos de esta columna, me quedaré con aquellos que se deshicieron de la mercancía de esta banda y siente que los traicionaron. Gimme the Power ya no se escucha igual desde ese día.

Este evento, me llevo a la reflexión que había abandonado y que es justo lo que me interesa poner sobre la mesa: los músicos que pueden -o no- ser nuestros referentes ya sea por alguna canción, un disco, porque su música nos acompañaba en las resistencias, las barricadas -dejemos fuera el tema personal/sentimental- ¿Tienen alguna deuda con nosotros, un compromiso de ser enteramente congruentes, no con ellos, sino con quienes los escuchamos y consumimos sus discos y demás mercancía? 

Esta pregunta ronda por mi cabeza desde hace tiempo a raíz de un comentario -también en redes sociales- sobre la congruencia de Bruce Springsteen quien se ha declarado enemigo de las políticas de Trump, pero que para muchos su apoyo a Barack Obama le quita merito a su critica al presidente actual. Tal parece que el Boss tiene que cumplir con todo aquello que sus fans -o críticos- necesitan de él para no juzgarlo. 

Esta situación se vive mucho en el Punk, donde los miembros de la escena, para no llamarlos fans, están más que dispuestos a atacar a aquellas bandas o músicos que no cumplan con sus estándares de congruencia que según ellos los músicos deben de cumplir. 

Le paso a Jello Biafra, a los Chumbawamba, incluso a Javier Couso alias Canino, baterista de la banda anarcopunk Sin Dios cuando decidió de forma personal entrar a la política parlamentaria y es que tal parece que a nuestros referentes les pedimos un purismo que ni siquiera nosotros somos capaces de mostrar, pero ellos al ser de cierta forma “figura pública” tienen que ser mejores. Una estupidez si me lo permiten, además de ignorancia. 

Mis ideas políticas no las definen la música que escucho, ni los músicos son el todo dentro de mi forma de actuar y pensar. Claro, me es grato saber que Bruce Springsteen es capaz de darle cara a Trump, con todas las consecuencias que esto conlleva y eso es lo que en este momento me importa. La actitud de Jello Biafra la celebro por lo que significa, pero no espero que sea mi guía o mi pastor. Chumbawamba -por seguir mencionando ejemplos que incluí en el texto- es por mucho la banda más inteligente de la Crass Family y supo como llevar su trayectoria musical y activismo político.

Hace varios años, en una charla con el Cryptas, un referente de la escena Hardcore extremo en México, decía que desde niños nos han enseñado a tener ídolos, ya sea jugadores de algún deporte, músicos y un largo etcétera y que mientras crecemos, el darnos cuenta que estos son humanos nos genera una decepción, porque no podemos lidiar con las contradicciones de los otros a quienes vemos por encima de nosotros -aunque sea de forma inconsciente- y nos sentimos defraudados cuando vemos que son de barro y que se deshacen a la primera. 

Incluso aquellos que podríamos decir que son congruentes pueden caer del pedestal si los vemos con ojo crítico. Neil Young ha confrontado a la industria de la música, desde hace más de cincuenta años, misma industria que ha puesto todo su mecanismo para que sea de las principales influencias del Rock y el Folk de clase obrera en todo el mundo. Si el activismo de Willie Nelson es comparado con sus ranchos y su forma de vida no pasaría la prueba de la congruencia. Podría mencionar muchos más, pero al final yo prefiero ver como Taylor Swift genera que sus fans formen alianzas para darle vida a las Swfities por Palestina, saliendo a organizarse para apoyar a este pueblo ante el genocidio de Israel, que las críticas a su forma de vida. Lo primero es mucho mas importante que incluso la idolatría que genera la ex reina del Country Pop.

“No venimos a divertir a nadie” es una frase que esta grabada con piedra en la historia de la Revuelta Propia y aunque en el contexto que se dijo no sea del que escribo ahora, es claro que para Miguel, vocalista de la banda, lidiar con él y sus contradicciones es más importante que ser el ídolo o referente de alguien o de algunos.

En un mundo perfecto los referentes no tendrían que rendir cuentas sobre sus declaraciones -a menos que estas sean tan contradictorias como Phil Anselmo haciendo el saludo nazi- porque al final todos los ídolos son de barro y más allá de las contradicciones yo prefiero seguir cantando Gimme the Power sin idealizar a una banda, que rompiéndome las vestiduras mientras los llamo traidores. Prefiero escuchar por enésima ocasión el Nebraska que indignarme porque el Boss no es tan impoluto como yo espero que sea.

Profesor, anarquista, exactivista y panadero casero.

FOTO: AP PHOTO/ GEAORGE WALKER IV
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